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Pastizales y sabanas de la Argentina: Un escenario clave para la ganadería y la biodiversidad

Los pastizales y sabanas del centro y nordeste argentinos han sido y son aún espacios claves para la ganadería argentina. Conforman uno de los biomas más importantes a nivel mundial y cada año, sobre la base de su riqueza forrajera y la cría se define el tamaño del rodeo bovino nacional. Además, gratuitamente amortiguan inundaciones, proveen agua de bebida y forraje para el ganado y la fauna, y hasta mantienen el escenario para el turismo y la observación de aves. Los pastizales bien conservados constituyen una reserva estratégica de suelos, preservan el agua, purifican el aire y proveen resistencia y capacidad de ajuste (resiliencia) al cambio climático.
Los pastizales llamados praderas húmedas, canutillares, pajonales y malezales, por mencionar los más conocidos, cubren nada menos que 23.844.722 ha en las provincias de Buenos Aires (el 24%), Corrientes (el 79%), Entre Ríos (el 43%) y Santa Fe (el 47%, INTA 2009) y constituye el área de mayor importancia para la ganadería a nivel nacional, ya que el 64% de los vacunos argentinos pastan en ella (Observatorio Ganadero 2012). Asimismo, este paisaje representa el hábitat de una diversidad biológica llamativa, particularmente notoria en especies vegetales, muchas de alto valor económico, pero también otras de singular interés biológico (ver recuadro).

La biodiversidad amenazada de los pastizales

La fragmentación del hábitat por la conversión de pastizales nativos en campos agropecuarios ha sido el mayor cambio fisonómico del paisaje del centro y nordeste de la Argentina. La diversidad de aves pampeanas muestra una relación negativa con el crecimiento sostenido del área cultivada y al menos 30 especies de aves de pastizal, el 20% de las ornitofauna especialista, se encuentran amenazadas y una, el playero esquimal (Numenius borealis), ya se considera extinguida.
Sin embargo los pastizales en pastoreo son ecosistemas florística y estructuralmente diversos que albergan, entre otros grupos de organismos, una diversidad significativa de aves especialistas y migratorias. La estructura de la vegetación es modificada por la intensidad y la distribución espacial del pastoreo de manera que frecuentemente la oferta de hábitat resulta diversificada y, consecuentemente, la riqueza de aves se ve maximizada. Cabe agregar que los pastizales de esta región reciben poblaciones de aves migratorias que llegan desde Patagonia, los Andes y también desde Norteamérica y el norte de Sudamérica.
Del elenco de aves amenazadas, el tordo amarillo y el yetapá de collar son dos de las especies residentes que más sorprenden por su belleza y su ecología; pero la numerosas especies de capuchinos, que se especializan en el consumo de semillas de pastos y arriban desde el Paraguay y Brasil en cada primavera, o el batitú y el charlatán que recorren miles de kilómetros viajando desde las grandes planicies de Norteamérica también resultan especies de interés. Todas ellas, en muchas casos arrinconadas en localidades puntuales, hoy enfrentan graves problemas de conservación y en la Alianza trabajamos para hacerles un lugar entre nuestras actividades económicas.
La ganadería de pastizal, que promueve la Alianza, posibilita la supervivencia de esta biodiversidad y el mantenimiento de los servicios ecosistémicos de los pastizales y abre un camino para desarrollo de productos diferenciados, los que dominarán el mercado en las próximas décadas.

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